El futuro le pertenece a la economía compartida

By Orge Castellano

Las guerras, las catástrofes naturales y la agitación social traen consigo tiempos difíciles en los que la escasez de un tipo u otro ocupa un lugar destacado en la sociedad civil. A lo largo de la historia, los ciudadanos han mostrado una tendencia a aunar sus recursos para aumentar sus posibilidades de supervivencia ante tales circunstancias adversas. La mayoría de las veces, este tipo de circunstancias son de índole meramente transitorias; pero en ocasiones, tienen el potencial de provocar un cambio social, drástico y duradero.

Durante generaciones, las crisis económicas han moldeado nuestros hábitos de consumo diarios. A medida que la tecnología ha ido progresivamente incorporándose en nuestras vidas, muchas personas han empezado a valorar las experiencias sobre los objetos materiales, en especial cuando estos no son utilizados con gran frecuencia, como las casas de campo, los coches, etc. Poseer y tener objetos en un mundo cada vez más digitalizado, y, por ende, portátil, es una noción absurda para aquellos que piensan que ciertas pertenencias representan una carga económica e incluso emocional.

No es de extrañarse entonces, que surjan alternativas paralelas para hacer frente a este tipo de fenómenos sociales y culturales. Y aquí es donde nace la economía compartida. Un concepto que emerge, principalmente en nuestro país, enmarcando dentro del estancamiento económico y el desempleo, y que se establece como respuesta a una demanda social de productos y servicios a bajo coste.

Alquileres, alojamiento, transporte diario, ocio, moda, entre otros, son muchos de los diferentes aspectos cotidianos y servicios que abarca la economía compartida. El alto coste de la vida en las grandes ciudades en nuestro país también ha exacerbado la propagación de este tipo de alternativas económicas, las cuales se han democratizado ampliamente entre diferentes sectores de la población.

Hoy en día, en lugar de ser propietario de una casa de vacaciones que se usa un par de veces al año, alquilar una que no se tuya puede brindarte la misma experiencia, y a una fracción del costo de compra. También puedes alquilar vestidos de diseñador para una ocasión especial, scooters para atravesar una ciudad y esquivar atascos e incluso una piscina para tu próxima fiesta o evento.

La economía compartida en un abanico lleno de oportunidades tanto para los consumidores, como para sus benefactores. A partir de este principio, la tecnología ha hecho posible su desarrollo, debido a la reducción de costes por transacción que supone su uso. Es por ello que compartir activos es más barato y más fácil que nunca, por lo tanto, esto posibilita que se pueda realizar una escala mucho más grande. En lugar de buscar la posesión a largo plazo, los consumidores jóvenes adoptan experiencias colaborativas, y se decantan por la comodidad y la flexibilidad que ofrecen las aplicaciones móviles. La generación nacida entre 1982 y 2000, conectada permanentemente y con escasos recursos económicos, ha contribuido en gran medida al éxito de este modelo económico.

Estas empresas se pueden encontrar en una amplia gama de industrias: transporte (Uber, Blablacar, Cabify), alojamiento (Airbnb, Kozaza, Couchsurfing), servicios para el hogar (TaskRabbit, Care.com), entregas (Deliveroo, Glovo), comercio minorista (eBay, Wallapop), préstamos de consumo (Bat2go, Prosper), cambio de divisas (TransferWise, Currency Fair), financiación de proyectos (Kickstarter, Verkami), programación informática (oDesk, Freelancer) entre muchos otros más.

El año pasado, la firma de consultoría PWC estimó que, a nivel mundial, la 'economía compartida' tendría un valor de 13 mil millones de euros y podría alcanzar los 300 mil millones para el año 2025. Cifras presentadas por el Parlamento Europeo en 2016, confirman estos datos, el Parlamento predice que el sector obtendría un valor de 572 mil millones de euros en los 28 estados de la Unión.

La transición hacia este modelo económico se ha dado principalmente, debido a la disponibilidad y fluidez de datos sobre personas y objetos, lo que permite que los activos físicos se desglosen y se consuman como servicios. Antes de Internet, alquilar una tabla de surf, una mera herramienta eléctrica o una plaza de aparcamiento de otra persona era factible, pero generalmente suponía un proceso engorroso y con ciertos riesgos para ambas partes.

En la actualidad, plataformas como Uber, Cabify y Glovo coinciden con propietarios y usuarios, al mismo tiempo, los teléfonos inteligentes con GPS permiten a las personas ver dónde está estacionado el automóvil rentable más cercano o el repartidor que trae la compra. De este mismo modo, las redes sociales se convierten en hilo conductor, que permiten conectar a usuarios de estas aplicaciones con sus potenciales usuarios de una manera cercana, amena y más segura. Los sistemas de pago en línea se encargan de la facturación del intercambio económico, lo cual hace que el proceso sea fácil y orgánico. Según un estudio de la compañía Global Market Insights, el carsharing ha multiplicado su volumen de negocio en un 2903%, pasando de facturar en 2013, 500 millones de dólares a los más de 16.500 en todo el mundo.

Un ejemplo de este tipo de éxitos se lo lleva en nuestro país el éxito del carsharing, esta alternativa que fusiona transporte y movilidad, es una alternativa que da respuesta las necesidades actuales de muchos usuarios

Según un estudio elaborado por la empresa de renting ALD Automotive, un 25% de la población española ha utilizado este método para desplazarse. Según un estudio realizado por la misma empresa, un 25% de la población utiliza ya este tipo de métodos para desplazarse. Las mujeres menores de 35 años son las mayores usuarias de esta nueva forma de movilidad. Mientras que una de cada tres españolas comparte vehículo solo un quinto de los hombres utilizan esta opción. El 40 % de los usuarios son menores de 35 y al menos el 20% es usuario de las VTC.

Según datos de la “Encuesta global de comunidades de intercambio” de Nielsen, el 68% de los consumidores en línea a nivel mundial está dispuesto a compartir o alquilar sus objetos personales a través de una plataforma perteneciente al sector de la gig economy, o la economía de los pequeños encargos. El estudio realizado a 30.000 personas en Internet en 60 países, además de revelar que una gran mayoría estaría dispuesta a ofrecer sus bienes personales a desconocidos, las cifras indicaron que el 66% usaría productos y servicios ofrecidos por otros.

"Las comunidades de intercambio han dado lugar a una revolución económica que está teniendo un gran impacto", sostuvo John Burbank, Presidente de Iniciativas Estratégicas de Nielsen. Y es que se espera que las ganancias obtenidas por los consumidores al convertir sus bienes en ingresos a través del consumo colaborativo superen los 3 mil millones de euros este año, lo que representan un crecimiento del 25%.

Hoy en día, la economía colaborativa sigue creciendo a tasas muy saludables, tanto en términos de volumen como de inversión. Pero, por supuesto, este tipo de cambios tiene mucho que ver con el proceso de transformación digital que hemos venido experimentando desde principios del siglo XX. A medida que nuestras vidas se vuelven más digitales, también lo hará nuestra economía, al final, es un fenómeno social que está altamente interconectado. La economía compartida forma parte de esa disrupción digital que progresivamente se va ir incorporando de forma integral a cada uno de los aspectos diarios de nuestra existencia física y digital, combinando ambos aspectos de manera orgánica y sistemática. El futuro es sostenible, binario, pero, sobre todo, tiene un aire compartido.

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